Las migrañas y las cefaleas tensionales son una de las consultas más frecuentes en la vida adulta. Muchas personas conviven con dolor de cabeza recurrente, presión en las sienes, rigidez cervical o sensibilidad a la luz sin encontrar una causa clara que lo explique del todo. En muchos casos, el cuerpo está expresando una sobrecarga que va más allá de lo físico.
El dolor no aparece de forma aislada. Suele estar relacionado con estrés sostenido, exigencia constante, tensión emocional acumulada o dificultad para desconectar realmente. Cuando la mente no descansa, la cabeza termina manifestándolo.
¿Qué diferencia hay entre migraña y cefalea tensional?
La cefalea tensional suele sentirse como una presión constante en ambos lados de la cabeza, como si llevaras una banda apretando. A menudo se acompaña de rigidez en el cuello y los hombros.
La migraña, en cambio, suele ser más intensa y pulsátil, a veces localizada en un solo lado. Puede ir acompañada de náuseas, sensibilidad a la luz o al sonido e incluso alteraciones visuales previas al dolor.
Aunque clínicamente son diferentes, ambas pueden tener un componente común: un sistema nervioso en estado de alerta mantenida.
El papel del estrés y la tensión emocional
Vivimos en un ritmo constante de exigencia. Responsabilidades, preocupaciones, pantallas, falta de descanso real. El sistema nervioso se mantiene activado durante horas, incluso días, sin espacios profundos de recuperación.
Cuando esta activación se prolonga, el cuerpo empieza a manifestarlo en zonas concretas. En muchas personas, la cabeza y la zona cervical se convierten en el lugar donde se acumula esa tensión no expresada.
Más que un simple síntoma aislado, el dolor puede ser una señal de que algo necesita reajustarse.
Una mirada integrativa al dolor de cabeza
Desde un enfoque integrativo, el objetivo no es solo silenciar el síntoma, sino comprender qué lo está sosteniendo. En Medicina Tradicional China, por ejemplo, las migrañas se asocian con desequilibrios en el flujo energético, especialmente relacionados con el Hígado y la gestión del estrés.
Cuando la energía no circula de forma armoniosa, puede manifestarse como tensión, presión o dolor en la cabeza.
Acompañar el proceso implica ayudar al organismo a recuperar su capacidad de regulación natural, reducir la sobrecarga del sistema nervioso y crear condiciones reales de descanso.
Acompañar al cuerpo para recuperar el equilibrio
El tratamiento no se limita a aliviar el dolor puntual, sino a trabajar sobre el terreno global de la persona. La acupuntura puede formar parte de este proceso, ayudando a relajar el sistema nervioso, reducir la tensión acumulada y favorecer un descanso más profundo.
En paralelo, observar los ritmos diarios, introducir pausas conscientes, reducir la autoexigencia y crear espacios reales de desconexión son pasos fundamentales para que el dolor no vuelva a repetirse con la misma intensidad.
Escuchar lo que el síntoma está señalando suele ser el primer paso hacia un cambio más profundo y duradero.
